jueves, 12 de junio de 2008

El Mago Púrpura (1ra parte)

Rayson y Nosferatus, clérigo y guerrero respectivamente, son atraídos por rumores acerca de una plaga de setas que están contaminando el Valle del Río. Camino al valle, el clérigo reconoce que se trata de setas anaranjadas, las cuales había visto antes, hace muchos años, de manos de su maestro. El guerrero, en cambio, no reconoce su peligro, y se come una de ellas justo cuando Rayson le estaba explicando sus propiedades venenosas. A pesar de ello, Nosferatus sólo siente un ligero y efímero dolor de estómago, tras lo cual ambos -entre nuevos atisbos del clérigo y tropezones del guerrero-, descienden hasta el interior del valle. Ahí se encuentran con los aldeanos, que le confirman el rumor, y les piden su ayuda. Ellos ya habían rastreado el origen de aquellas setas, y los guían –cruzando un bello puente de piedra- al otro lado del valle, en donde se alzaba un pequeño montículo anaranjado, bajo la sombra de unos árboles, lleno de setas del mismo color. Rayson y Nosferatus estaban pensando qué hacer con ellas, cuando apareció un sujeto encapuchado que había venido descendiendo con suma cautela desde lo alto de la montaña boscosa para hacer una aparición espectacular: el elfo Van Kadeth había sido comisionado por Silvan, rey de los elfos, para ventilar un asunto de fronteras entre humanos y elfos, que se había tenido descuidado desde hacía varios cientos de años debido principalmente a otras prioridades respecto de sus fronteras y enemigos más al norte, y había recibido la orden expresa de no dejar que los humanos se apoderen de la montaña Blanca, por la que él había descendido. Su carácter áspero y tajante hace que las relaciones iniciales con Rayson y Nosferatus no sean de las más adecuadas, y pronto se pone al tanto de lo que sucede en el valle. Por si fuera poco aparece a continuación su perro élfico, semejante a un siberiano. En ese preciso instante surge un Carrion Crawler (oruga carroñera) que ataca por sorpresa a los aventureros, dejando paralizado al guerrero, que cae al suelo. El clérigo hace lo posible por contragolpear, pero el elfo da cuenta de la oruga antes de que Rayson pueda hacer otro ataque. Inmediatamente ordena al jefe de la aldea que reúna a sus hombres más fornidos para que caven un agujero en el centro del montículo. La tarea les lleva toda la tarde y la noche de aquel día, tras lo cual deciden acampar cerca de los trabajos. Casi a medianoche llegan a descubrir el portal de lo que parece ser un templo antiguo, abandonado por aquel pueblo. Rayson y Van Kadeth descienden por unas escaleras hasta donde habían llegado las excavaciones, y descubren toda una entrada en forma de arco, con inscripciones en quenya y dracónico que hablan acerca del gran poder de los clérigos del Valle Sagrado, debido a su antigua alianza con dragones rojos y blancos, por lo cual habían recibido grandes dones de protección, y que su religión del Día y la Noche, el Sol y la Luna, se iba a expandir por doquier. El túnel excavado termina en las inmensas raíces de un árbol que les impide el paso. Un segundo Carrion Crawler surge de un costado de las raíces y ataca al elfo y al clérigo, pero ambos lo ponen rápidamente fuera de combate. En ese momento, y al fijar la vista en las raíces, Rayson comienza a tener visiones de personas combatiendo, espíritus de los antiguos habitantes de aquel templo. La impresión le ocasiona un ataque de locura, y sale corriendo hasta las escaleras; tiene que esperar hasta sobreponerse a la angustia que le ocasiona observar por primera vez a espíritus combatiendo en lo que parece ser su última batalla; se logra calmar cuando sale del agujero, pero las visiones comienzan a hacerse más fuertes a medida que anochece. Van Kadeth, al verlo así, ordena a dos campesinos que lo arrojen a una de las tiendas del campamento, y una vez adentro lo ata de manos y pies. El clérigo, en su peor ataque de locura, yace panza abajo, amordazado, y con las manos y pies atados por encima del suelo. Van Kadeth, fuera de la tienda, prende una fogata y vigila el agujero. Escucha los forcejeos infructuosos del clérigo para intentar liberarse, pero no le hace caso.

Casi de madrugada, Rayson logra por fin recuperarse de su locura. Van Kadeth ingresa a la tienda y, una vez comprobado el estado del clérigo, lo desata. Algo más tranquilo, desciende por el agujero y avanza hasta llegar a las inmensas raíces, que ahora –con la tierra despejada- parece ser el atrio principal del templo perdido; Rayson logra establecer contacto con las personas que pelean, y uno de ellos le dice que han sido asaltados por sorpresa por humanoides, orcos y hombres lagarto, y que si quieren conseguir una buena ayuda que busquen a su amigo, el Mago Púrpura, que él sabrá qué hacer para evitar el desastre. Luego de contarle al elfo semejantes impresiones, Rayson descubre un libro muy gordo que encontró en lo que parecía ser el altar del templo, recientemente despejado.


Nosferatus, por otra parte, en su sueño inducido por el veneno de las setas y el aguijón paralizante del Carrion Crawler, observa a una bella figura femenina advertirle acerca del Mago Púrpura, como un enemigo y un traidor para los magos de su estirpe, y que por todos los medios evite que vuelva a tomar cuerpo para continuar con su locura; y que trate de encontrarse con ella después de esto, con lo cual prolongaría la Edad de los Clérigos y los Magos de la Torre. Nosferatus duerme con aquella visión durante toda la noche, y al día siguiente descubre que sus monedas de oro han desaparecido. Le queda sin embargo la visión de la bella mujer y su advertencia final: el Mago Púrpura tiene la habilidad de captar los pensamientos de las personas, con lo cual sería necio intentar traicionarlo teniéndolo a él observando. Debido a esto, cuando Nosferatus despertó no dijo nada acerca del sueño que había tenido, para no incrementar las posibilidades de que aquel mago los descubriera.





Ajenos a estos predicamentos, Rayson y Van Kadeth fueron a preguntar por el Mago Púrpura, pero nadie sabía nada de él; tuvieron que buscar a la persona más anciana de todas, una viejecita a la que apenas se le notaban los ojos, y que dijo entre farfullos que su tumba yacía olvidada en una cabaña situada muy al norte, como a día y medio si se iba a pie. Esto confirmaba la visión que había tenido Rayson de la cabaña, mientras hablaba con los espíritus, acerca de una tumba que se ubicaba exactamente al norte. Luego de un buen desayuno, se apertrecharon bien y comenzaron la marcha.


El viaje fue inusualmente tranquilo, tras dejar varias colinas adornadas con matojos silvestres, consiguieron hallar la cabaña que les dijera la anciana: una construcción pintorescamente situada en medio de la pendiente de una montaña, con árboles prodigándole abundante sombra y bienestar. A medida que se aproximaban, el aspecto de la cabaña llamaba la atención por lo bien cuidado a pesar de que se trataba –según se les había dicho- de una tumba olvidada. La puerta se desplomó sobre sus goznes, y ahí, en medio de lo que debía ser la sala, se encontró un féretro de mármol blanco, cruzado de ramas y hojas caídas. El clérigo se adelantó y comenzó a tratar de comunicarse con el mago. El elfo creyó ver algo fuera de la cabaña. Rayson tuvo que concentrarse para lograr el contacto, y finalmente lo consiguio: una figura clara como un fantasma apareció ante la vista de todos y dijo:


- ¿Quién me ha llamado?


Rayson tragó saliva y le explicó que eran amigos y que deseaban que les ayudase a salvar al templo; el mago los observó uno por uno, y recién entonces comenzó a contarles su historia: él había sido asesinado por los hombres lagarto porque estaba en contra de ellos y de su intento de apoderarse del templo de los clérigos; para poder ayudarlos, les dijo, tendría que hacerlos retroceder en el tiempo hasta el momento en que él había sido muerto, para que el clérigo, con cualquier objeto tomado de su cuerpo, pudiera traerlo nuevamente a la vida. Ahora sí que le pareció al elfo ver algo grande y con muchas patas moverse entre los árboles de la montaña. Nosferatus, entretanto, estaba con la mente en otra parte. Sin embargo, mientras continuaba la conversación con el clérigo, el mago iba prestando cada vez más atención a ese aparentemente estúpido e inofensivo guerrero. Pero no hubo tiempo para más reflexiones: una araña gigante hizo su aparición por la puerta, golpeándola con un terrible estruendo. El clérigo perdió la concentración y la imagen del mago desapareció, y a continuación Rayson y Van Kadeth le propinaron golpes por todos los ángulos posibles. Afortunadamente la araña era demasiado grande para pasar por la puerta, y sólo estuvo tratando de herir mortalmente a Nosferatus –que se encontraba detrás de sus amigos, pensando en Dios sabe qué-, hasta caer al suelo vencida por el clérigo y el elfo. Sin embargo, en el fragor del combate, la araña había conseguido partir por la mitad las armaduras de Rayson y Nosferatus. Sin pérdida de tiempo, Van Kadeth tomó uno de los colmillos y se guardó el veneno en un frasco especialmente preparado, mientras Rayson volvía a llamar al mago. Ante la aparición de una segunda araña gigante a lo lejos, pero que ya descendía por la pendiente a toda carrera hacia la cabaña, Rayson se volvió al mago para encontrarse con éste que les gritaba: “¡rápido, aproxímense!”, y en dos movimientos de brazos alzó un viento que los encerró en los más terribles episodios del pasado y el futuro, y antes de que llegara la araña desaparecieron de aquel mundo, con la última imagen del mago mirando con terrible incertidumbre al rostro impávido e impenetrable de Nosferatus.


Los tres aventureros –y el perro élfico, que había estado cerca de la escena- aparecieron en el aire, a dos metros sobre la superficie de un lago. Al caer, Van Kadeth y Nosferatus se comenzaron a hundir, no tanto por el agua helada sino por la impresión que habían tenido que soportar ante aquel hechizo. Por lo tanto, una vez en el agua, Rayson buscó a Nosferatus y el perro élfico a su amo; Rayson tuvo más dificultades para llevarlo a la superficie, debido a su peso, mientras que el perro ya conseguía que Van Kadeth se reanimara mientras lo jalaba hacia la superficie. Casi al borde de la asfixia, Rayson consigue sacar la cabeza y respirar una bocanada de aire, sólo para ver cómo el elfo ya le había sacado ventaja y se dirigía hacia la orilla pero por la margen izquierda, debido a que la derecha estaba ocupada por una veintena de criaturas que nunca había visto, pero que por los relatos del mago no tuvo dificultad en reconocerlos como los hombres lagarto, de brazos y piernas fornidas y movimientos bruscos. A pesar de que tanto perro como elfo iban alejándose de aquellos reptiles y trataban de asomar lo menos posible, a Rayson no se le ocurrió mejor idea que llamar por su nombre al
elfo:

- ¡Van!

Inmediatamente, dos de los hombres lagarto se volvieron hacia el lago y alargaron sus lenguas bífidas, buscando el origen de aquel grito; otros dos señalaron a Rayson y comenzaron a correr por la orilla para darles alcance. Apenas salieron, perro y elfo subieron a la pendiente de la montaña que flanqueaba esa parte del lago, hasta perderse de vista. Desde un árbol, Van Kadeth observa cómo los hombres lagarto se agolpan en torno a la margen opuesta del lago, a unos trescientos metros de su posición. Aparentemente están cargando una persona vestida con una fina túnica y, después de hacer vaivén con su cuerpo inerte, lo envían al fondo del lago. El elfo, con su aguda vista, reconoce que la túnica de aquel hombre es púrpura. Rayson y Nosferatus salieron del lago para ser atacados por los hombres lagarto; dos lanzas hirieron gravemente a Rayson justo cuando Nosferatus recuperaba el sentido. Al comprender la situación, se echa al clérigo a la espalda y escapa a toda velocidad hacia la montaña boscosa. El elfo cae sobre los perseguidores desde su posición privilegiada, en forma oblicua, con tan buena suerte que les clava sus espadas. Una vez más tranquilos y con el cuerpo de Rayson reposando en el suelo, Van Kadeth y Nosferatus observan cómo los hombres lagarto dispersos por el lago comienzan a reunirse. Luego, exploran el horizonte con sus cabezas y sus lenguas bífidas, y después desaparecen lenta y despreocupadamente.

Con suma precaución, el elfo llega hasta el borde del lago, en la orilla opuesta donde arrojaron al sujeto, mientras el clérigo, ya vuelto en sí, le hace una curación a Nosferatus y luego a sí mismo, y los acompaña a la orilla. El elfo se zambulle en el agua helada, no sin ordenarles firmemente que esperen allí. Sin embargo, Nosferatus observa a un hombre lagarto escondido detrás de un árbol. Conversa con Rayson y deciden atacarlo por la espalda, para lo cual rodean un amplio sector de la montaña. El elfo llega sin dificultad hasta donde se encuentra el cuerpo, comprueba que efectivamente sus vestimentas eran de color púrpura, le quita los anillos y brazaletes de sus dedos y muñecas, y regresa a la superficie. El perro, entretanto, permanece atento con su cabeza fuera de la mochila. Rayson y Nosferatus encuentran a otro hombre lagarto escondido, con su lengua bífida que explora constantemente el medio ambiente, mientras el otro esparce un polvo amarillo claro en la orilla del lago por donde debería salir el elfo. Esta acción, sin embargo, queda oculta tanto para Rayson como para Nosferatus. Van Kadeth sale del lago y percibe algo extraño en la actitud de su perro; entonces los hombres lagarto deciden atacar al elfo y se abalanzan sobre él; pero uno de ellos pronto comienza a caminar como mareado. Rayson y Nosferatus a su vez los intentan atacar por la espalda; pero apenas el guerrero ingresa a la orilla experimenta un sueño irresistible; Rayson trata de sacarlo de ahí, pero recién lo logra al tercer intento; entretanto el elfo acaba con uno de sus enemigos, mientras el otro cae al suelo casi completamente dormido y es presa fácil de Nosferatus. Los guerreros y el clérigo investigan la arena y finalmente deducen que se trata de un polvo para dormir. Como es difícil de separar, Van Kadeth se guarda un puñado de la arena mezclada con el polvo en otro frasquito. El paisaje se encuentra finalmente limpio y despejado.

Una vez pasado el peligro, Van Kadeth le dice a Rayson:

- Bien. Aquí tienes un anillo que he logrado sacar de lo que parece ser el cuerpo del Mago Púrpura... intenta invocarlo.

Rayson toma el anillo dorado, y se concentra... pero sin resultado. Se aparta del elfo y cierra los ojos con fuerza, pero no ocurre nada. Por una tercera vez, aprieta en sus manos el precioso anillo y envía una súplica a su dios, pero parece que, o éste está sordo, o las ropas mojadas están comenzando a estorbarle. Deduce que es por el frío que su concentración está debilitada.


&&&


Después de casi cuatro horas en que se dedican a secar su ropa –ondeándola al viento-, observan a un campesino que desciende por la montaña del norte (aquella en la que se escondió el elfo). Van Kadeth inmediatamente se oculta entre los árboles y lo observa. Es un hombre pequeño y rubicundo, con una gran cesta y varios odres que le cuelgan de los costados. Saluda a los otros dos con un “¡salve, peregrinos!; ¿qué los trae por aquí, a regiones infestadas de criaturas?” Rayson, con su acostumbrada diplomacia, le explica que estaban de paso por aquellas tierras, a lo que el campesino les responde: “¡Vaya! Entonces necesitan de la protección de nuestro pueblo; por fortuna está muy cerca, pasando esta montaña; pero, si fueran tan amables... yo soy un humilde recolector, y a veces me aventuro por estas regiones donde no se atreven mis otros compañeros y aunque es un poco peligroso, aquí consigo los mejores pinos de la región... ¿podrían ayudarme a recolectar algunos, para terminar mi faena y poder regresar temprano a casa?”


Rayson y Nosferatus se miran y deciden ayudarlo. El elfo, entretanto, observa cómo dos hombres lagarto están aproximándose a su escondite guiándose por el olfato. Algo extrañado –porque sus ropas estaban recién lavadas y secas–, deduce que lo siguen debido al polvo que lleva. Así es que deja caer el frasquito, y aprovecha la ocasión para eliminar a uno de ellos. El otro –lo observa de lejos– está tratando de interceptar al trío que asciende por la montaña. Justo cuando éstos llegan a la cima, se oye un rugido de pelea y el campesino dice:

- ¡Un asalto! ¡Y es un hombre lagarto el forajido, al parecer! ¡Pobre hombre!

Rayson y Nosferatus reconocen al elfo entre los árboles.

- ¡Vamos muchachos, alejémonos, ni piensen en ayudarlo!

Rayson y Nosferatus le dan la razón y siguen montaña abajo, rumbo al pueblo. Mientras observan la impresionante vista de una llanura con un pequeño pueblo al fondo y una inmensa torre oscura que destaca sobre el cielo, el campesino les recoge los cestos de las manos y les dice: “estamos un poco preocupados, debido a que ha ocurrido un asesinato hace dos días, nuestra druida nada menos, y parece que es por un grupo disidente de los magos de la Torre, sí, la enorme construcción que está allá. Las leyendas dicen que no fue hecha por mortales, y que cobija toda la magia conocida. Por cierto, hay un mago que ha desaparecido hace poco... ¿Habrán visto a una persona vestida de púrpura?

Ni Rayson ni Nosferatus lo habían visto –pues era verdad, estaban de espaldas cuando su cuerpo fue arrojado al lago–, y prefirieron no explicarle de dónde venían por temor a complicar su situación; le dijeron simplemente que no lo habían visto y más bien trataron de tirar de la lengua del campesino para averiguar todo lo posible acerca de la secta disidente de los magos; al parecer se trataba de traidores al Código de Honor de los magos de la Torre, y que para mayores detalles que fueran a conversar con el líder de todos ellos, Taggart el Mago, y que gracias por el favor de ayudarle a recolectar sus pinos.

- ¿No tendrán alguna armadura, esos magos? –preguntó Nosferatus, algo más animado.

- Bueeno –dijo el campesino, mientras miraba el sendero– de seguro que sí, porque nuestros magos dicen que tienen de todo... cómo será... bien, me tengo que ir, ¡adiós, gracias, y hasta la próxima... vayan por allá!

Van Kadeth, algo retrasado por la pelea, alcanza la cima de la montaña y llega a ver cómo Rayson y Nosferatus ingresan en la inmensa torre. Taggart, por su parte, explica a los recién llegados que sospechan de una conspiración de tres magos que ha tenido algo que ver con la muerte de la druida y la desaparición del Mago Púrpura, que según dicen sus amigos, estaba tras la pista de los traidores. Les dice que ésta es una torre construida sobre la base de una gigantesca energía mágica conocida con el nombre de Cuña; cada quinientos años surge una cuña y paulatinamente va desapareciendo. “Esta es la tercera cuña, y estamos en el octavo año desde que ella surgió; nosotros, los Magos de la Torre, velamos para que su poder sea bien utilizado, y protegemos a los indefensos de los poderes malignos que tratan de someterlos.”

Rayson pregunta por el origen de la cuña, pero Taggart le responde que nadie sabe cómo surgió; solamente la conocen por los escritos de los antiguos magos que vivieron en las cuñas anteriores y las describieron. El clérigo observa entonces una extraña silueta que impregna todas las paredes de la torre, celestial, intangible. Nosferatus no advierte nada, en parte porque es un guerrero y en parte porque quiere encontrar una nueva armadura. El elfo ingresa a la torre y no tarda en encontrarlos. Taggart también conoce al elfo, aunque sólo le dirige una mirada. Ante el pedido del guerrero, el mago los conduce a un piso más arriba, y después de caminar por un corredor amplio y bien iluminado, se detienen frente a una puerta metálica. Taggart la abre con una llave que rechina en la cerradura, y finalmente todos ingresan a un cuarto que hace poco estaba en penumbras –de hecho, las antorchas parecen haberse encendido apenas se abre la puerta–, en donde descansan, a buena distancia una de otra, tres enormes armaduras doradas. Taggart le dice que escoja la que más le guste, y Nosferatus escoge la más notoria, una bellísima armadura ceremonial de color dorado intenso. La sujeta –es mucho más ligera de lo que parece– y se la lleva por el corredor, mientras Taggart recibe un mensaje de su vasallo y se despide de ellos; les aconseja que no se alejen de la torre ni del pueblo, y que cualquier cosa que quieran saber, que le consulten, que sus aposentos se encuentran en uno de los pisos altos de la torre.
Rayson se despide del mago y por los pasillos pregunta si existe una biblioteca. Van kadeth en cambio lo persigue y le pide que le diga dónde puede encontrar información acerca de objetos mágicos; Taggart le dice que los objetos mágicos son ahora muy comunes en la Torre, debido a que se vive un frenesí de magia incontenible, y le da las señas de la biblioteca.

- ¿Vas a invocar al mago? –le inquiere Van Kadeth, una vez solos.
- Todavía no.
- ¿Por qué no?
- ...porque quiero averiguar algo...
- ¿Qué?
- No lo sé...

Van Kadeth, al ver la indecisión de Rayson, lo deja y se va a recorrer la torre. Nosferatus, en medio del pasillo, opta por ponerse la armadura. Inmediatamente percibe un sonidito cuando se mueve –aunque sea un poco–, que aumenta de intensidad a medida que se pone a caminar. Mientras tanto Rayson llega a la biblioteca y se pone a fatigar volúmenes acerca de la antigua historia de los magos y su cultura; a continuación entra Nosferatus en actitud desafiante con su gran armadura dorada emitiendo un sonido como de voces e instrumentos que invitan a la reflexión, y se pone a inspeccionar los estantes más alejados, como si supiera de antemano dónde hallar lo que está buscando. Rayson hojea otro libro y encuentra algo más de la historia de las cuñas: éstas desaparecen muy lentamente, y una vez que ha ocurrido esto, en algún otro lugar del mundo surge una nueva cuña, que dura más o menos quinientos años. Sólo pueden ser vistas por gente mágica o piadosa, y en las otras dos cuñas ha prevalecido el equilibrio y la sensatez en el uso de sus poderes.



CONTINUARÁ

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