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En ese momento Rayson levanta la vista y ve entrar al elfo Van Kadeth quien, sin mirar al clérigo, se pone a buscar en los estantes. Su aguda vista recae en un libro que dice: “Anillos Mágicos”. Inmediatamente lo lleva a una de las mesas de la inmensa biblioteca. Rayson lo observa leer. Está a dos mesas de distancia, y ha adoptado una actitud reservada y algo alegre. Es imposible para Rayson saber de qué trata el libro que lee el elfo. Abandona la idea de aproximarse y continúa leyendo su libro. Cuando levanta la cabeza observa a Nosferatus al fondo, con el ceño fruncido, descifrando un escrito que tal vez se encuentre en dracónico. A continuación, observa al elfo que deja el volumen en su estante y se sienta frente a él en la mesa de madera:
- Muy bien Rayson. ¿Puedes mostrarme el anillo que te di?
- Mmmmm.... ¿para qué?
Van Kadeth se le queda mirando. Evidentemente, un cierto tufillo de desconfianza comenzaba a rondar por la biblioteca.
- ¿Vas a invocar al Mago Púrpura?
- Todavía no; quiero averiguar ciertas cosas...
- ¿Qué cosas?
- Ciertas cosas, ya te las explicaré después...
- Mientras tanto, quisiera ver el anillo...
- ¿Para qué?
Nueva mirada torva. Al fondo, Nosferatus enterraba los ojos en unos libros tan gruesos como polvosos. La biblioteca saltó con un sonoro estornudo.
- Si no lo vas a usar como dijo el mago, ¿para qué lo tienes? Yo quiero averiguar si posee algún poder, según he leído, pero para eso tengo que fijarme.
- Lo podemos hacer después, pierde cuidado; primero tenemos que conocer más a fondo lo que sucede aquí.
- Bien.
- Bien.
- ...
Nosferatus acababa de dejar la biblioteca, con su armadura emitiendo un sonido lejano y celeste. Rayson y Van Kadeth lo observan, intrigados por su nueva adquisición. El elfo se pregunta cómo se las ingeniará Nosferatus en lo sucesivo para pasar inadvertido, ya que su porte prácticamente se ha triplicado; de un primer vistazo preliminar, calcula que su silueta se podría ver cómodamente a setecientos metros de distancia. Rayson tampoco lo entiende, a juzgar por su expresión. Pero al fin y al cabo –piensan los dos–, se trata de Nosferatus. Uno nunca sabe.
Rayson abandona la biblioteca y explora los corredores superiores de la Torre. El mediodía ilumina completamente sus paredes de piedra lustrosa. Observa con comodidad el panorama agrícola que se extiende a todo lo ancho de la llanura, y a unas figuras como gusanos gigantes arar la tierra como si estuvieran domesticados. Al deambular por los corredores se da cuenta del lujo que tienen las vestiduras de todos los magos, y de su poco interés por los advenedizos o forasteros. Nosferatus también deja la biblioteca, y después de revisar los pisos superiores, observa también a los gusanos gigantes y decide investigar directamente en el pueblo. Mientras camina por los senderos asentados y observa a los aldeanos en sus habituales ocupaciones, la armadura le “sugiere” que vaya a investigar la montaña en donde encontraron a los hombres lagarto. Nosferatus asciende por la ladera que da al pueblo, y encuentra rastros de botas muy finas entremezcladas con pisadas de reptil, que de pronto se encuentran en un lugar donde todo luce negro y partido. Nosferatus comprueba que en ese lugar se ha librado una gran batalla. De regreso al pueblo recuerda –o la armadura le hace recordar– acerca de la joven que fue asesinada, y pregunta por ella. Encuentra su casa, y su vecino le explica que ella fue muerta por muchos tajos caóticos dados por algún guerrero. Sin embargo, nadie del pueblo pudo haberlo hecho porque la amaban mucho y por otra parte los magos de la Torre no saben mucho de espadas. Encuentra algunos frascos con líquidos naranjas, semejantes al veneno de las setas y de la araña gigante, mientras el vecino sigue hablándole acerca de su amistad con el Mago Púrpura; éste la había frecuentado últimamente muy seguido, al parecer para tratar temas que conocía la druida. Le dice que ella era quien había domesticado a las orugas carroñeras en una labor paciente y abnegada, y que ahora las aprovechaban para la agricultura, con excelentes resultados. Nosferatus termina de inspeccionar la casa y le pregunta en dónde la han enterrado. El vecino le señala una colina soñolienta que destaca en los arrabales del pueblo. Nosferatus se despide de aquel hombre y se dirige sin demora rumbo a aquella colina.
Rayson continúa discutiendo con Van Kadeth en la biblioteca.
- Bien. ¿Has averiguado algo acerca de él?
- Más o menos.
- ¿Vas a invocarlo?
- Aún no.
- ¿Por qué?
- Quiero averiguar algo...
- ¿Qué cosa?
- Algo más sobre el Mago Púrpura...
- ¿Cómo qué?
- No lo sé; si es de fiar...
- ¿Y el anillo?
- Yo lo tengo...
- ¿No vas a averiguar nada sobre él?
- Por el momento no...
- ¿Entonces para qué te sirve, si no lo vas a usar?
- Para invocar al Mago Púrpura.
- Bueno pues, invócalo ya...
- No, es que aún no lo quiero hacer...
Silencio. Dos grandes magos con capas azules se cruzaron con ellos y los obligaron a interrumpir la conversación. Rayson hizo un gesto con las manos y se levantó de la mesa.
- Está bien –dijo Rayson–. Voy a invocar al mago.
Van Kadeth respiró hondo. Por fin se iba a descubrir si podía hacerlo.
Rayson sacó el anillo de donde lo tenía escondido, y se concentró. Inmediatamente su cuerpo comenzó a emitir un brillo rojo intenso y le pareció que su mente explotaba y se expandía hasta los confines del universo. Sea porque estaba en la torre, sea porque ya estaba de mejor ánimo, lo cierto es que el conjuro de invocación funcionó perfectamente: una forma humana llenó la desierta biblioteca, visible tanto para el elfo como para el clérigo, y comenzó a ganar volumen lentamente, mirando a su alrededor. Emanaba una fuerza irresistible. Al principio se le veían sólo los huesos; luego, los músculos, la piel, y finalmente la ropa, y el elfo vio con sorpresa que se trataba sin duda alguna del cuerpo que dejara en el fondo del lago: el Mago Púrpura, tal como lo recordaba.
Inmediatamente, un halo brillante emanó de él como en una explosión, y abarcó a ambos. Rayson y Van Kadeth se sintieron conmovidos, como si estuvieran a punto de cumplir una hazaña divina:
- ¡Al fin! ¡He vuelto! ¡He vuelto!
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