miércoles, 29 de abril de 2009

El Mago Púrpura: Tercera Parte. El Misterio.

Elfo y clérigo estaban fuera de sí.

- ¡Ahora podremos cumplir nuestra sagrada misión! ¡Vamos!

La portentosa figura comenzó a bajar las escaleras.
Al principio, los magos de la torre hacían caso omiso de aquel mago que descendía alocadamente por las escaleras en medio de un halo brillante, seguido de dos figuras embelesadas; pero poco a poco comenzaron los murmullos y comentarios, y las palabras “ha vuelto”, y “¿no es él?” comenzaron a hacerse evidentes en los pasillos a medida que lo veían.
Una vez en la entrada de la torre, el mago extendió sus brazos y les dijo:

- “¡Ahora, busquen a Nosferatus!”

Sin pérdida de tiempo, Rayson y Van Kadeth echaron a correr por el pueblo en su búsqueda, completamente enajenados. Pero una vez lejos de él, recuperaron el sentido y se dieron cuenta de lo que estaban haciendo. No habían logrado hallar a Nosferatus, así es que decidieron regresar a donde se encontraba el Mago Púrpura. Van Kadeth, sin embargo, aminoró la marcha y siguió a Rayson a una prudente distancia.

Rayson halló al mago en una actitud más tranquila, como distraído con las cosas que ocurrían a su alrededor. Y había algo nuevo, una persona que estaba con él: un mago de mentón prominente y delgada barba, ojos azules y mirada inquisitiva. Al parecer, estaba tratando de orientar al Mago Púrpura, como si se tratara de un guía de la región.

- ¿Qué ha sucedido? –le preguntó al ver que se aproximaba.

- Bueno, no sé muy bien lo que ocurrió –se apresuró a decir Rayson–, pero yo vi de pronto que el Mago Púrpura...

- ¿Acaso lo conoces?

- Eh... bueno... como conocerlo bien, no; pero, sí, digamos que lo he visto antes...

- ¿Cómo?

- Este no es un buen lugar para hablar –interrumpió Rayson mientras miraba a ambos lados, buscando a Van Kadeth–; será mejor entrar a la Torre.

El mago le dio la razón, y comenzaron a subir las escalinatas.

- Yo soy Gallager, el amigo más cercano de Elder –dijo, mirándolo de reojo–, es decir, del Mago Púrpura; bueno, hubo un tiempo en que ciertos magos irresponsables hicieron destrozos en los cultivos del pueblo; entonces surgió una serie de revueltas entre nosotros respecto de la utilización de nuestros poderes. Como ya creo que sabe, el desbalance se debe a la gran Cuña que nos brinda toda la magia que tenemos; pues bien –acompañaba con el gesto y la mirada a un Mago Púrpura completamente absorto de todo lo que veía–, un grupo comenzó a protestar y pidió una especie de regulación a ese poder, algo así como un estatuto que nos rigiera. A esto siguió un año entero de discusiones acerca de quién debería hacer cumplir el estatuto, y surgieron los líderes, Taggart y el grupo rojo (Rayson recuerda a unos magos que tienen capas rojas), que más o menos comenzaron un período de paz. Pero como los magos realizaban sus investigaciones sobre los más difíciles secretos de la magia, no tardaron en confrontar escuelas opuestas, y de ahí pasaron a las filosofías opuestas, y hace poco más de un mes surgió una serie de incidentes como explosiones y conjuros mal ejecutados que tenían un carácter de conspiración más que de accidente. Los magos rojos estuvieron muy preocupados, ya que ellos eran las víctimas en casi todos los casos, pero nunca se pudo comprobar algún sabotaje o mala intención.

A este punto habían llegado a una habitación de puerta oscura. El mago extrajo de su túnica una llave, abrió un cerrojo, y entró.

- Pase. Es la habitación de mi amigo.

Un ambiente cargado –como si nadie hubiera estado ahí en días– los recibió al ingresar. El cuarto era grande, pero estaba ocupado por una gran mesa, una chimenea sin uso y muchos estantes a todo lo largo de las paredes libres, con innumerables frascos. En un estante bajo se encontraban varios rollos de pergaminos. La mesa era de madera oscura, firme, y estaba vacía.

Ahí, Rayson le explicó, con toda calma, cómo había surgido el Mago Púrpura, su aventura en el futuro, y la forma en que habían llegado al pasado. Le confirmó que Elder había sido arrojado por los hombres lagarto al fondo del lago. Su amigo escuchaba atentamente. Para Elder, en cambio, todo parecía serle nuevo.

- Bien. Te agradezco, ahora que me has contado lo sucedido, Rayson, noble clérigo. Realmente, has salvado la Torre. Estamos en deuda contigo. Ahora, si no te importa, vamos a comunicarle a Taggart lo sucedido. Puedes esperar aquí, no tardaremos.
Y salieron de la habitación.
Se hizo el silencio. Rayson aprovechó la oportunidad para investigar. Encontró que casi todos los frascos contenían líquidos de extraños colores y olores, y los rollos de pergaminos hablaban de oscuros hechizos, la mayoría de ellos incomprensibles. De pronto, pensó en el anillo. Quizás sería mejor esconderlo hasta después, se dijo, quizás no sea conveniente que lo encuentren con él.

Lo dejó detrás de un candelabro, sobre la chimenea, justo en el momento en que la puerta se abría y Elder y Gallager ingresaban a la habitación, seguidos de Taggart. Los dos primeros parecían haber conversado mucho, porque estaban riendo y se gastaban bromas como amigos de toda la vida. Taggart está muy complacido.

- Gracias, Rayson, por haber traído de vuelta a nuestro amigo –le dio unas palmadas en la espalda–. Venceremos a esos magos traidores, pierde cuidado. Sin embargo, para su seguridad, te sugiero a ti y a tus amigos que no abandonen el pueblo. Los alrededores se han vuelto muy peligrosos, como me acaban de comunicar, y por otro lado, quiero que se consideren nuestros huéspedes por tiempo indefinido.


Rayson se le queda mirando.

- Cualquier cosa que quieran comunicarme, pueden visitarme a mi cuartel, en el piso más alto, o comunicarse con Gallager.

- Bueno...

- Bien. Tengo asuntos urgentes que atender, gracias nuevamente.

Y se retiró de la habitación, acompañado por Elder, el Mago Púrpura.

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