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lunes, 4 de mayo de 2009

El Mago Púrpura. Interludio.


Como paréntesis para comentarles cómo nació la idea de esta aventura (de tipo rol), y luego la creación de este relato, y a modo de resumen, les confesaré que siempre me han fascinado las aventuras espacio-temporales en un mundo medieval de fantasía. A mí me gusta dirigir aventuras, y tuve que crear una justo para un grupo que recién empezaba a jugar rol. Eran dos mujeres jóvenes, una de ellas decidió ser un clérigo humano, y la otra, un guerrero humano. Como dato curioso, ambas chicas decidieron ser hombres, a pesar de que les dije que podían ser perfectamente mujeres, y que era lo más natural cuando jugaban mujeres. Pero no me hicieron caso.

Imaginemos una gran fuente de magia, una cuña inmensa y casi invisible, que tenga una duración de quinientos años, y que surja de forma inopinada, en cualquier lugar de aquel mundo, durante el primer año después de cumplidos los quinientos de la cuña anterior. Es decir, en los primeros años de la cuña, ésta tiene un gran poder, y luego se va desvaneciendo hasta llegar a desaparecer por completo. La cuña es tan grande como un edificio de veinte pisos, y sólo ciertas personas pueden verla a lo lejos, de forma imponente. En el lugar en que aparece, concede el don de la magia a sus habitantes. De tal forma que se produce un súbito incremento de magos de todo calibre. Y por lo tanto, de grandes problemas, ya que mientras unos son cuidadosos con su poder, otros causan estragos por doquier, y utilizan sus poderes para dominar pueblos y adquirir un gran renombre.

Con el tiempo, se producen ciertos reglamentos para poder utilizar sabiamente la magia de las Cuñas. En el episodio que nos ocupa, hago aparecer a los personajes justo cuando está por desaparecer una Cuña de Magia, es decir, cuando ya casi no hay magos en el mundo. Se habla de leyendas, de grandes hazañas, pero con trazos vagos y cada vez más ajenos a sus habitantes.

Es en ese contexto en que aparece la Plaga del Valle, que atrae la atención del clérigo Rayson (Melissa) y el guerrero Nosferatus (Roxana), a los que se une el elfo Van Kadeth (Armando). De inmediato me doy cuenta de que Melissa juega un clérigo a la defensiva, muy poco comunicador de sus pensamientos y sus emociones, y que no sigue las reglas. Y luego veo con sorpresa cómo Roxana juega al guerrero más torpe que me ha tocado dirigir: Nosferatus, y le imprime su sello personal. Es tonto, torpe, y desconectado de la realidad, pero con mucha suerte en la tirada de dados. Cuando tiene que actuar, generalmente lo hace sin ninguna relación con el equipo que conforma, y he llegado a la conclusión de que ni la misma Roxana sabe hacia dónde va su personaje. Mejor dicho: Nosferatus es Roxana.
Armando, en cambio, aporta la nota de sentido común. El es un jugador del rol muy experimentado, y sabe manejar bien a su elfo, Van Kadeth. El contraste con el clérigo y el guerrero, por lo tanto, no puede ser más gracioso. Eso, aunado al hecho de que Armando construyó un elfo arrogante y misterioso, muy propio de los Elfos Oscuros, termina de completar un cuadro de equipo sumamente descoordinado e hilarante.

Me divertí mucho mandándolos al pasado. En esta aventura, regresan al momento exacto en que la Cuña Mágica estaba en todo su apogeo, con una poderosa Confradía de Magos, una gran Torre de Magia justo en el lugar donde se encuentra la Cuña, y toda una intriga donde dos bandos con filosofías opuestas acerca de quién debe saber de magia y quién no, los envuelve y los embrolla como nunca antes se había visto en el Mundo de los Calabozos y Dragones.

jueves, 30 de abril de 2009

El Mago Púrpura. Cuarta Parte: ¿Amigos o Enemigos?

Rayson tenía un torbellino en la cabeza. Por un lado, había conseguido invocar exitosamente al mago, pero en lugar de solucionarles el problema, los complicó más. Una extraña conducta inicial, de lo más atemorizante. Y luego, afectado por una especie de amnesia. Y Gallager. ¿Qué había conversado con Elder, que éste se encontraba tan tranquilo? Por un momento deseó compartir sus dudas con alguien, aunque sea un elfo con malas pulgas.

Gallager lo sacó de sus meditaciones:

- Un último detalle: como medida de protección, Taggart me encargó que les pusiera una vigilancia permanente, hasta que los traidores sean capturados. Por seguridad. Sólo por si acaso son emboscados, o algo así. Esos magos son muy poderosos, y si los cogen por sorpresa no tendrán ninguna oportunidad. La información llegará permanentemente hasta nosotros a través de ellos. Ya saben, no se alejen mucho.
Y aquí bajó la voz y dijo:

- ... me parece que Taggart desconfía de ustedes. Pero es lo usual. Son forasteros. No se preocupen.

Y sacudió las manos, como restándole importancia.

Salieron Rayson y Gallager; Van Kadeth fue a su encuentro y esperó a que Gallager subiera las escaleras para decirle:

- Dame el anillo.
- ¿Por qué?
- Ya invocaste al mago, ya no lo necesitas.
- No lo tengo...
- ¿No lo tienes?

Aquí Rayson hace un alto para suplicar el perdón de su dios por lo que va a decir:

- Lo perdí.
- ¿Lo p...?

Y antes de que Van Kadeth saliera de su asombro, comenzó a bajar las escaleras y le dijo:


- ¡Vamos! Tengo un presentimiento. Acompáñame a la biblioteca.


&&&


Nosferatus llega algo cansado a la colina, sin percatarse de que la gente trata de evitarlo apenas lo ve de lejos. Encuentra una lápida de mármol blanco que destaca sobre las demás, y calcula que se trata de ella, a juzgar por el nombre de mujer y la tierra recién removida. Comienza a cavar. La armadura hace que su fuerza aumente y le priva del cansancio, así es que continúa sin detenerse. En las afueras de aquel pueblo, se ve a lo lejos la silueta de un guerrero con una enorme armadura dorada cavando de rodillas en una colina solitaria, a mitad de la tarde. Por suerte para él, la tumba no está muy profunda, y llega sin dificultad hasta el cuerpo de una hermosa mujer, muerta como le habían dicho, por una serie de tajos desiguales. En uno de sus dedos lleva un anillo con el símbolo de una semilla. Por lo demás, nada fuera de lo común. Pero para Nosferatus aquello tiene el carácter de una revelación.


&&&


Van Kadeth entrega a Rayson el libro de Anillos Mágicos.

- Aquí tienes, vamos, descubramos por fin qué anillo es el que te di –porque no creo que lo hayas perdido–, y si tiene algún poder. Vamos, leamos...

Se la pasan una hora leyendo. Finalmente, Rayson descubre el grabado de un anillo idéntico al que le diera Van Kadeth –quien también lo recuerda muy bien–, y se quedan boquiabiertos de asombro: se trata de un anillo de protección, de tipo clerical, que ofrece su salvaguarda en un radio de tres metros contra todo lo físico y mágico que se le interponga. Conociendo el poder de la Torre, ni Rayson y ni Van Kadeth se atreven a dudar de su poder. Ambos se miran emocionados.

- Dame el anillo.

Rayson está a punto de retirar la mano extendida del elfo para iniciar una nueva discusión, cuando se oye un rugido, un terrible estampido semejante a mil truenos; la poca gente que se encontraba en ese momento leyendo deja sus libros y sale corriendo a ver qué sucede. El elfo sale también, seguido del clérigo. En los pasillos se encuentran con mucha más gente que grita: “¡vamos tras ellos!”, y “¡muerte a los traidores!”, pero cuando llegan a la entrada de la Torre –de donde partían los gritos– no encuentran nada extraordinario, salvo varias casas vecinas chamuscadas por alguna bola de fuego.

- Disculpe, eh, ¿qué pasó?

- Los magos traidores se atrevieron a regresar para atacarnos, pero les dimos su merecido.

- Sí, vamos a comunicárselo a Taggart.

Los magos ya estaban entrando a la torre. Rayson y Van Kadeth pronto se encontraron solos, sin saber qué hacer. En ese momento, Rayson observa una pequeña masa redonda sobrevolar la cabeza del elfo, llena de un ojo celeste que no parpadea.

Al punto, logra ver el suyo también, y le dice al elfo:

- Eh... Van... tienes algo encima de ti.

El elfo mira hacia arriba, pero justo en ese instante la esfera se mueve y lo observa desde su espalda; cuando se vuelve a mirar al clérigo, el ojo retorna a su posición inicial como un reflejo. Van Kadeth no puede ver nada.

- ¿Qué?

- Un Contemplador. Tenemos uno cada uno.

- ¿Ah sí?

- Sí; pero son inofensivos. Nos lo ha puesto Gallager, para vigilarnos, por si acaso.

- ¿Y recién me lo dices?

- Es que recién me he dado cuenta de esto.

Van Kadeth sube rápidamente las escalinatas rumbo al interior de la torre.

- Bien. Si no me dices donde tienes el anillo tendré que buscarlo.

- Espera, espera; está bien. Quédate aquí que yo lo traigo.

- ¿Cómo que lo traigo...?

- Lo tengo escondido.

- ¿Dónde?

- Tú quédate aquí que ya vuelvo.

- ¿Quedarme aquí? ¿Estás loco? ¡Te acompaño!

Rayson y Van Kadeth suben las escaleras rumbo a los pisos más altos de la torre.



&&&


Esta vez la subida les cuesta una eternidad –subir aprisa es más difícil que bajar despacio, piensan–, y cuando estaban por echarse un descanso, encontraron –es decir, Rayson encontró– la entrada a la habitación del Mago Púrpura. Sólo que ésta se encontraba cerrada y resguardada por dos grandes individuos de ceño fruncido que vestían capas rojas. Esto no gustó nada a Rayson, y menos al elfo. De todas formas, ambos intentaron convencer a aquellos guardias:

- Disculpe, ¿podría pasar a la habitación del Mago Púrpura?

-No.

- Nosotros somos los que lo trajimos de vuelta, somos sus amigos...

Silencio.

- Déjame a mí –dijo el elfo.

- Disculpe, nosotros venimos de muy lejos, del legendario templo del Sol y la Luna –en ese momento, Van Kadeth saca de su túnica el símbolo que calcara de aquel lugar lejano, quizás tanto en el espacio como en el tiempo–, y quisiéramos entrar sólo un momento, por favor...

Esta vez los inmensos guardias intercambiaron miradas. La vista de Van Kadeth y su símbolo grabado en carboncillo era elocuente, una invitación al repentino arte de la persuasión.

- Está bien. Sólo porque provienen de un lugar fraterno y sagrado.

Rayson alzo una ceja y miró incrédulo a Van Kadeth

- Sólo ingresa uno de ustedes.

Silencio. Van Kadeth añadió:

- ¿La habitación tiene otra salida?

- No.

- Muy bien. Rayson, puedes pasar.

Rayson se guarda el comentario y espera a que le abran la puerta; apenas la separan lo suficiente como para que ingrese y luego la cierran de golpe; Van Kadeth no puede ver casi nada de su interior.

Nosferatus, entretanto, continúa cavando para tratar de encontrar algo más de la mujer que la relacione con su asesino, mientras un pequeño grupo de curiosos comienza a reunirse para observarlo, sin atreverse a preguntarle lo más mínimo.

Rayson encuentra la habitación casi igual a como la dejara, con una pequeña diferencia: los candelabros han sido cambiados de lugar sobre la chimenea, y un par nuevo acaba de hacerles compañía, en el extremo derecho. Son candelabros negros, con una especie de resina pegajosa en su portavelas y un grabado en alto relieve de formas neblinosas que prefiguran una calavera. Al pie de éstos se encuentra un anillo, muy parecido al que dejara Rayson en la habitación. Rayson lo coge –siente un ligero estremecimiento– y toma también el anillo que escondiera, y a continuación se dirige a los pergaminos. Los extiende sobre la mesa, y hojea con cuidado. Arranca una hoja que considera útil, y examina los estantes en busca de algo que se le haya escapado. Encuentra una garra de Carrion Crawler –no recuerda haberla visto antes–, y también se la guarda consigo.

Los guardias comienzan a impacientarse. Van Kadeth mismo les dice:

- Eh... ¿no creen que ya se está demorando mucho?

- Sí, tienes razón.

Golpean la puerta. Rayson, en medio de su búsqueda, se sobresalta como si lo hubieran galvanizado.

- Clérigo, clérigo... salga ya...

Rayson aparece a la segunda llamada. Evidentemente, no quiere levantar sospechas innecesarias, sobre todo si ya tiene lo que buscaba. Ambos anillos están en diferentes bolsillos de su túnica, y –piensa–, quizás podría burlar con ellos al elfo.

- Elfo...

- ¿Sí...?

- Lo encontré.

En ese momento se oye unos pasos y conversaciones de voces conocidas. Subiendo los escalones, Taggart, Elder y Gallager aparecen por todo lo alto, elegantes y algo más repuestos –sobre todo el Mago Púrpura–, y en una entusiasta puesta al día sobre algo muy serio.

- ¿Y los viste tan reunidos?
- Reunidos y como esperando alguna orden... te digo que estamos a las puertas de un ataque.
- ¿Y los traidores?
- Desaparecieron. Pero descuida, déjamelos a mí, yo sé cómo tratar a esa gente...

Rayson quiso apartarse lo más posible de la puerta, pero fue inútil: los tres lo vieron. Taggart los recibió con una sonrisa; Gallager y el Mago Púrpura, en cambio, le lanzaron miradas de infinita sospecha; y tanto Rayson como Van Kadeth acusaron el golpe, porque dieron media vuelta y sin decir palabra se alejaron por las escaleras hacia los pisos superiores.