martes, 1 de septiembre de 2009

El Mago Púrpura - El Fin de la Profecía

Nosferatus detiene la primera oleada de hombres lagarto, y los envía muy lejos de un solo movimiento, hasta caer sobre sus camaradas. Su armadura comienza a brillar ligeramente, y de pronto el himno cambia a un sonido como de mar embravecido. Los Carrion Crawler, al ver esto, se detienen y retiran de la escena. El sujeto solitario está observando embobado la elocuencia de movimientos de Nosferatus. Se imagina un ejército de aquellos guerreros, guardianes invencibles de un reino lejano, pero no imposible.

Los hombres lagarto vuelan a diestra y siniestra mientras Rayson entrega el verdadero anillo a Van Kadeth.

- Toma, aquí tienes el anillo.
- ¿Qué? ¿Quiere decir que éste no era el verdadero?
- No...

Afortunadamente para Rayson estaban en plena batalla, de lo contrario Van Kadeth se las habría cantado todas. En lugar de eso, le arrebata el anillo y se lo pone en el dedo índice, mirándolo ferozmente. Casi se inmediato surge un halo amarillo pálido a su alrededor que envuelve tanto a Rayson como a Nosferatus, y dos hombres lagarto caen hacia atrás, sacudidos y confusos. Los tres se encuentran dentro de aquella cúpula divina que hace retroceder al mal. Rayson -sin el menor asomo de miedo- atraviesa el escudo y se reúne con el clérigo jefe para apoyarlo. Sin embargo, quien hubiera visto los ojos azules de aquel sacerdote, diría que aquel hombre no conoce el miedo.

- Señor, usted es quien debe usar el anillo...
- Si así le parece...

Van Kadeth ya está con él y de espaldas a los hombres lagarto. Nosferatus acaba de salir del escudo y está encarando a tres lanceros.

El hombre solitario se lanza a la pelea detrás de unos hombres lagarto; pero en lugar de acabar con Nosferatus y los clérigos, ataca a uno de los lagartos, que lo mira estupefacto. En ese momento, uno de los magos que iban con los hombres lagarto pide que le abran el paso y lanza una bola de fuego: Nosferatus no puede hacer nada para evitarlo, pues el disparo es más rápido que su espada, y hace impacto detrás. Se oye un estruendo terrible, y las rocas son salpicadas con piedra derretida. Pero cuando el humo se disipa, se ve al jefe al jefe clérigo caído junto con Rayson, pero ileso. El escudo los protegió del daño del fuego, sin bien no impidió que salieran proyectados contra la pared.
- ¡Pronto, llamen a los ángeles!

El jefe se pone de pie y le pide a Rayson que le ayude. Ambos comienzan a orar con los brazos extendidos. Van Kadeth comienza a sentir la presencia benigna de los ángeles, y se marea. Sobre el borde del agujero, en el piso del templo, dos figuras se inclinan con sorna y curiosidad: Gallager y el mago Púrpura. Sin decir nada comienzan a mover las manos. El ladrón les tira su daga que cae en el cuerpo de Gallager; el mago pega un grito atroz y desaparece de vista; pero el mago Púrpura termina su conjuro y de pronto todas las luces se van del agujero. Una oscuridad total los envuelve. Rayson y el jefe clérigo sienten que su poder clerical comienza a descender, y se desmoralizan. Van Kadeth entonces saca sus anillos e invoca el poder de uno de ellos. Un bello rayo de luna recae sobre los dos clérigos y su cúpula divina. Van kadeth ve sonreír a Rayson por primera vez. Entonces los dos clérigos alzan sus manos para continuar llamando a los ángeles.

De la nave central del templo, tres figuras tan inmensas como luminosas descienden con velocidad de caída. Los monaguillos exclaman llenos de entusiasmo, mientras que en el fondo del agujero los hombres lagarto se estremecen de terror.

El mago Púrpura y Gallager descienden también, tratando de evitar lo inevitable. Van Kadeth los espera con su escudo de dragón elevado a la altura del rostro. Nosferatus apenas se ha dado cuenta de lo que sucede sobre su cabeza; está muy ocupado liando hombres lagarto como fardos a derecha e izquierda.

En el aire, el mago Púrpura lanza otra bola de fuego que impacta en el centro del agujero; otra oleada de llamas inunda el ya trajinado escenario de batalla; Van Kadeth resiste la explosión con su escudo, lo mismo que los clérigos y Nosferatus, pero el hombre solitario sale despedido por el impacto y pierde el sentido. Nadie repara en él.

- ¡Retirada!

Van Kadeth, al ver que los magos ordenan la retirada y se disponen a huir por el túnel, se lanza sobre uno de ellos. Logra atrapar al mago Púrpura, quien se debate como un león, pero el elfo ahora es más fuerte y lo sujeta hasta que sus fuerzas comienzan a decaer. Los ángeles ya están llenando con su luz de bienestar el inmenso agujero, y los clérigos lanzan gritos de victoria. El elfo negro no puede soportar una piedad tan poderosa y cae al suelo desmayado.



Van Kadeth despierta. Se encuentra en una cama, y unas cortinas plegadas apenas pueden evitar el paso de un día radiante. En el enorme cuarto, decorado de mármol y perlas, descansa un enorme símbolo que representa la mitad de un sol y una luna, reunidos en un mismo disco, en altorrelieve. Lo primero que le viene a la memoria es el mago Púrpura. Duda acerca de si lo habrán capturado. Luego, una sed inmensa lo invade. Sobre su velador descansa una jarra de cristal llena de agua. Se la lleva a los labios. En ese momento repara en una cama a su costado. La figura que se encuentra en ella cambia de posición. Duerme de costado, de espaldas al elfo.

Afuera, Rayson continúa mirando el paisaje. Se ha tomado un descanso en su labor de jardinería. Después de dos días, ya lo está haciendo con más presteza. Se vuelve a ver el valle, y distingue a Nosferatus conversando con el clérigo jefe, quien le pone al tanto de lo que ha pasado con los clérigos, la amistad que habían tenido con los magos de la Torre, y sobre todo con Elder, el mago Púrpura. Rayson casi puede adivinar sus palabras: “la conspiración está siendo eliminada, Gallager ha sido capturado y está prisionero, ha delatado a varios magos traidores pero se sospecha de muchos más que han huido apenas se dio lo del ataque; el mago Púrpura, al ver todo perdido, prefirió quitarse la vida.”

Rayson desvía la mirada y contempla el valle del Río, y compara su belleza con la imagen que todavía guarda del valle en el futuro. Camina lenta y silenciosamente.

“- Rayson, debes purgar por lo que has hecho. Has mentido, y aunque lo has hecho por una buena causa, estás manchado y debes purificarte...”

Rayson recuerda el día completo de meditación, en ayunas, y suspira en silencio, un suspiro hondo y lleno de miedo. Teme que su culpa todavía fresca sea llevada por el viento y llegue al clérigo jefe, que sin embargo se ha portado muy bien con él y con todos. Observa cómo él y Nosferatus se reúnen con uno de los magos de la Torre.

- Mi señor, tengo malas noticias. Los traidores se han llevado muchos objetos mágicos...

El heraldo mira a Nosferatus como si reuniese fuerza, y le dice:

- Las otras dos armaduras han sido robadas. Los magos han huido hacia el este, y se están aliando con los orcos y los hombres lagarto...

Rayson observa a Nosferatus, contrastado con las flores amarillas, dar súbitamente media vuelta y mirar el valle. Ya lo sabe, piensa. Ahora, ¿qué decidirá? Aún si se lograra acabar con todos los traidores, queda todavía el dilema de regresar al futuro.

En los blancos aposentos del templo, Van Kadeth termina de dormir un sueño merecido.

FIN

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