Nota resumen.
Aventureros: Clérigo Rayson (Melissa).
Guerrero Nosferatus (Roxana).
Elfo Oscuro Van Kadeth (Armando).
Nuevo personaje: el vagabundo solitario (César, tocayo mío, por si acaso).
A partir de una plaga de setas que azotó el Valle del Río, clérigo y guerrero se ven envueltos en una intriga de magos del pasado, donde se alza un personaje tan misterioso como ambiguo: El Mago Púrpura. El trío viaja, por encargo del espíritu del mago (ya fallecido en el presente), al pasado, cuando estaba con vida. Al hacerlo, se encuentran con una gran Torre de Magia, en el centro de una enorme Cuña Mágica, que otorga poderes a los que se encuentran en sus alrededores. Gallager, el amigo más cercano al Mago Púrpura, conversa con los recién llegados, quienes le cuentan lo sucedido. Sin embargo, al parecer, tanto Gallager como Taggart, el mago que gobierna la Torre, tienen secretos que guardan a los aventureros. Tanto Rayson como Van Kadeth recelan de ellos, y se ponen a investigar por su cuenta.
Clérigo y elfo son vigilados por dos pequeños ojos voladores, hasta que los magos deciden que es mejor eliminarlos. Rayson y Van Kadeth acaban de escapar del piso más alto de la Torre, donde han querido matarlos con un conjuro de Bola de Fuego, y ya están en busca del guerrero Nosferatus, que acaba de encontrar (y exhumar) el cuerpo de una mujer enterrada.
El vagabundo solitario, luego de robar ciertas joyas peligrosas, y muy curioso por lo que ha visto, les sigue los pasos en su huída.
El grupo decide que es mejor separarse para distraer la atención de ellos. Rayson se compromete a buscar y traer de vuelta a su amigo Nosferatus, mientras el elfo corre hacia el bosque...
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Van Kadeth corre como alma que lleva el diablo hacia la montaña, y varias veces pierde a los escasos magos que tratan de alcanzarlo. Una vez que se interna en el bosque, su ambiente natural, se siente más tranquilo. Se coloca en un árbol frondoso y especialmente bien ubicado, y espera a Rayson.
Uno de los magos lo golpea casualmente mientras corre a reunirse con sus líderes, y saca de su encanto al sujeto solitario; al instante se guarda el brazalete, esboza media sonrisa, y se aleja sin hacer aspavientos mientras continúa al acecho por si alguien se encuentre distraído. Tras vanos intentos, finalmente ve que uno de los líderes termina de dar sus órdenes y se aleja pensativo. Al segundo intento logra birlarle su espada: una pesada hoja sumamente larga y ancha, capaz de cortarle el cuello a un toro. Inexplicablemente para él al menos, el otro ni siquiera se volvió a mirarlo; tuvo que concluir que su preocupación era tan intensa que no vio o sintió nada extraño. Pero también se alegró de que sus dedos no hayan perdido la práctica, después de ocho días conviviendo con magos. De todas formas, piensa, la espera valió la pena.
Rayson observa dos bengalas verdes salir de lo alto de la torre, en dirección a la montaña. Los haces se desvanecen a mitad de camino, en el cielo azul. Está corriendo con Nosferatus –a quien le está contando lo sucedido– rumbo a la montaña. El sujeto solitario, por su parte, también está escapando en esa dirección. Los observa caminar, hacia su derecha, y comienza a seguirlos.
- ¡Listo elfo! ¡Vámonos!
- ¿A dónde?
- Hacia el sur...
- ¿Tienes el anillo?
- ¡Después te lo doy!
Rayson rodea la enorme orilla del lago. Van Kadeth cree oportuno mencionarle cierto detalle:
- He visto hombres lagarto dirigiéndose hacia el sur...
- ¿De verdad? ¿Cuántos?
- Miles. Parece que van seguros, como si alguien los estuviera guiando.
En ese momento, el clérigo se detiene. Recuerda súbitamente a los Carrion Crawler, haciendo surcos en la tierra agrícola. Luego, su mente se llena con su imagen, muchos de ellos escarbando oblícuamente bajo tierra y avanzando hacia el sur. Precisamente, bajo la montaña. Con esa visión se detiene.
- ¿Rayson...?
El sujeto entretanto los observa de lejos, en el declive del bosque. Luego –al ver que no presentan una postura hostil–, intenta una primera aproximación.
- Hey, muchachos...
- ...Rayson, te digo que quiero el anillo...
- ¡Uf! ¡Está bien! Toma.
Le da el otro anillo. Van Kadeth lo examina. Luego le dice:
- Mira lo que yo he encontrado...
Se remanga y enseña los demás anillos que cogiera del cuerpo del Mago Púrpura, en el fondo del lago. Rayson se sorprende. Evidentemente, aquel elfo tenía sorpresas ocultas literalmente debajo de la manga.
- Yo pude haber utilizado los poderes de estos anillos para liquidarlos, pero en lugar de eso los he ayudado... ¿crees que no los vi cuando me abandonaron en esta misma montaña?
El clérigo seguía con la vista perdida en la superficie del lago.
- ...espera... elfo...
Rayson tiene nuevamente una visión: esta vez observa que los Carrion Crawler se dirigen por debajo del lago, a una gran velocidad, en dirección al templo del Sol y la Luna.
- Los Carrion Crawler se dirigen hacia el Templo en este preciso momento.
Van Kadeth abre desmesuradamente los ojos.
- Eso es.
- ¿Eso es qué?
- Los clérigos del Templo dijeron que fueron atacados por un lugar que no esperaban...
Rayson se le queda mirando.
- ¿No lo entiendes? Alguien está dirigiendo un ataque por debajo...
Rayson comienza a caminar a paso vivo. Van Kadeth y Nosferatus lo siguen. El sujeto solitario, por su parte, continúa intentando obtener una respuesta:
- Ea... muchachos... no sean mal educados. Díganme de qué se trata y los ayudaré. Muchachos...
Ni Rayson ni Van Kadeth le hacen caso. Nosferatus los sigue sin decir ni pío.
- Claro... ¡Por eso los hombres lagarto se están moviendo al sur! ¡Es un ataque coordinado!
- Esa debe ser la conspiración de los traidores.
- ¡Vamos, no hay tiempo que perder!
Comienzan a correr. El sujeto los observa alejarse como si escaparan del fin del mundo, hasta perderse de vista. Se encoge de hombros y los sigue, un poco de mala gana, un poco aliviado de su alejamiento, con la espada golpeándole pesadamente las piernas.
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Cuenta la leyenda que estuvieron corriendo por los valles durante casi dos días sin detenerse, y sin dar muestras de cansancio, hasta avizorar el famoso Valle del Río. Lo primero que vieron fue un enorme y elegante templo de color gris claro, rodeado de una inmensa cúpula celeste. El diámetro y la naturaleza de aquella cúpula eran indiscutiblemente de origen divino. Terminan su recorrido por el llano, –admirados por el espectáculo que ofrecía el Templo a cada paso de su recorrido–, cruzan el río por un puente conocido, y se encaran con los monaguillos.
- ¡Tengo que ver a su jefe! ¡Están a punto de caer en un ataque!
- Calma, calma, déjeme que le entienda y hable más lento, por favor...
Los monaguillos estaban vestidos con trajes ligeros de buena tela teñida de un blanco humo con ribetes grises. La construcción se les hacía conocida, sobre todo los grandes arcos que servían como portales de entrada, y los amplios y bien cuidados jardines, con flores multicolores. En el centro del jardín principal, se alzaba un arbolito de unos dos metros de alto.
- Le digo que los Carrion Crawler están escarbando debajo de este valle...
- ¿Los Carrion Crawler? ¡Jamás han llegado por aquí esas bestias!
- Además hay hombres lagarto que están viniendo por el norte...
- A esos sí los conocemos, pero descuide: estamos bien cubiertos. Ya han intentado hace tiempo atacarnos, y han retornado arrepentidos a sus dominios. Realmente, nuestros centinelas...
- Queremos ver a su clérigo jefe.
Los monaguillos se los quedaron mirando. La verdad, aún dicha de forma apresurada, es tan fuerte, que uno de ellos le hizo una mirada a su compañero, y éste asintió.
- Bien. Por aquí.
Los conducen por una serie de corredores bien cuidados y rodeados por bellos jardines llenos de luz y color. Llegan a la nave principal del templo. Rayson cierra los ojos, en medio de sus visiones, mientras Van Kadeth y Nosferatus lo observan en silencio.
- El clérigo jefe es un hombre bajito y de rostro sincero. Rayson lo saluda:
- Noble jefe: en este momento van a ser atacados por miles de hombres lagarto...
- ¿Cómo es eso? –dijo el clérigo, mientras sus monaguillos se miraban incrédulos.
- Están utilizando a los Carrion Crawlers para cavar un agujero que los conduzca hasta aquí.
- Eso es absurdo –dijo el clérigo jefe.
- ¡Por favor, créanos, es la verdad! –dijo a su vez Van Kadeth.
- Este templo ha sido siempre atacado y nunca vencido –les respondió tranquilamente–, y no hay nada que pueda hacerlo.
En ese momento, se sintió un estremecimiento; las finas losas comenzaron a tremolar ante la sorpresa de los sacerdotes reunidos en torno a su líder. Van Kadeth tomó al clérigo de los hombros ante la sorpresa de sus acólitos, y le dijo:
- ¡Van a llegar por abajo, están cavando un agujero por abajo!
El temblor era muy ligero, rítmico, como proveniente de una fiera bestia legendaria que se moviera en ondas, y ganaba en intensidad a cada momento.
- ¡Por favor!
Ante esto último, el jefe cedió:
- Saquen a los ángeles.
- Sí señor.
Van Kadeth lo miró sorprendido. Rayson soltó el aliento.
Nosferatus salió a los jardines. Un tumulto lejano comenzaba a formarse y desaparecer en torno a un enorme túmulo de tierra, túmulo que antes no existía a juzgar por el alboroto de sacerdotes.
Unas criaturas blancas y aladas salieron del altar mayor de aquel templo y, sin importartes el poco espacio disponible, atravesaron los cuerpos del clérigo, sus acólitos, Rayson y Van Kadeth, y se dirigieron a través de los jardines hacia el exterior. Van Kadeth se sintió mareado.
A Nosferatus lo cogieron mientras regresaba. Una ola de bienestar sacudió su cuerpo. Todos los clérigos saludaron con vítores la aparición de su última defensa. El tercer ángel prefirió atravesar la cúpula de la nave central del templo como si ésta no existiera.
El sujeto solitario logró mezclarse con la multitud de hombres lagarto que gritaban en su idioma “¡muerte a los clérigos!”, y se introdujo en el gigantesco agujero que los Carrion Crawler habían excavado en la colina.
Los ángeles dominaban las alturas. Justo cuando Nosferatus estaba llegando a la nave central, Rayson y Van Kadeth presintieron lo peor, y se abalanzaron sobre los clérigos.
- ¡Ustedes no entienden! ¡Van a atacar por debajo! ¡Por debajo!
En ese momento el suelo crujió. Miles de losas se resquebrajaron al mismo tiempo, y el mundo se les vino abajo. Una boca de polvo y noche los tragó en la inmensa tierra desnuda. El frío y la oscuridad hicieron presa de los aventureros, que desenfundaron sus armas y se prepararon para el combate. La poderosa armadura de Nosferatus súbitamente cambió de melodía y comenzó a rugir un himno de batalla. Instintivamente los clérigos adoptaron una posición defensiva posterior, mientras que los guerreros se adelantaban con sus espadas. Las bocas de los Carrion Crawler se alzaban amenazantes, y detrás de ellas cientos de hombres lagarto armados de lanzas y escudos.

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